Nota del editor: esta historia se publicó originalmente el 1 de abril de 2012. Ha sido actualizada.
NUEVA ORLEANS – Lo primero que fogosidad la atención en el camino cerca de Nueva Orleans es la gigantesca nave espacial de bronce que aterrizó al pie de un modesto horizonte. Es elegante, brillante, sin ventanas y, en una ciudad repleta de carácter y encanto del añoso mundo, encaja como una mentira de discoteca en una habitación llena de mecedoras.
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A primera apariencia, es más una ridiculez que una maravilla, razón por la cual, a pesar de toda la evidencia a su amparo, nadie se ha hexaedro cuenta de que en los últimos 40 abriles el Superdomo se ha convertido en el perímetro deportivo de veterano importancia histórica en Estados Unidos.
¿Quieres momentos trascendentales? El Superdomo es donde un estudiante de primer año de la universidad llamado Michael Jordan clavó un tiro en brinco para enarbolar a Carolina del Ideal sobre Georgetown; es donde Roberto Durán le dijo a Sugar Ray Leonard, “No más”; es donde William “The Refrigerador” Perry llegó a la zona de anotación en el Super Bowl XX; es donde Chris Webber pidió un tiempo muerto que Michigan no tenía; es donde Adam Vinatieri pateó un gol de campo cuando se acababa el tiempo para darle a Tom Brady su primera conquista en el Super Bowl. Es donde se apagaron las luces en pleno Super Bowl XLVII.
Y, en 1978, es donde Muhammad Ali ganó su última pelea frente a 65.000 aficionados.
(Apartado rápido: durante la pelea, el ring comenzó a hacer ruidos extraños, por lo que varios ingenieros se arrastraron debajo de él y descubrieron que algunas de las vigas de soporte estaban combadas. Incapaces de detener la pelea para repararlas, los ingenieros hicieron lo único que pudieron: sostuvieron las vigas con las manos mientras la pelea continuaba en lo alto).
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Desde que el Superdomo de Luisiana (como se lo conocía entonces) abrió sus puertas en 1975, ha albergado más Super Bowls (ocho) que cualquier otro sitio, más campeonatos de torneos de la NCAA y generó el espectáculo que es la Final Four de hoy en día.
En la término de 1970, el petróleo y el gas proporcionaban empleos y pagaban las facturas en Nueva Orleans. Ya no es así. Cuando una industria se fue, otra tuvo que guatar el vano. El año pasado el turismo inyectó 10.800 millones de dólares a la heredad locorregional.
El Superdomo es una gran parte de la encanto. Cada año, el Superdomo inyecta 600 millones de dólares a la heredad de Luisiana.
“No se manejo sólo de los dólares fuertes, sino de la imagen y la marca de Nueva Orleans”, dijo a Yahoo Sports en 2012 Doug Thornton, quien dirigió el Superdomo durante 29 abriles ayer de renunciar a principios de este año. “Es lo primero que ves cuando conduces desde el aeropuerto. Domina el horizonte. Y han ocurrido muchos momentos memorables aquí”.
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El lunes por la tinieblas, los Saints recibirán a los Falcons, donde la ciudad celebrará el vigésimo aniversario del regreso al Superdomo tras el huracán Katrina.
Y pensar que la cúpula debe su supervivencia al huracán que intentó derribarla.
La luz que fluye a través del techo del Superdomo en Nueva Orleans, Luisiana, ilumina a una multitud de refugiados que se refugian en el estadio a posteriori del huracán Katrina, que azotó los estados de la costa del Ensenada el 29 de agosto de 2005.
(Archivo de parte diarias de Nueva York a través de Getty Images)
Como ocurre con todas las cosas en Nueva Orleans, el tiempo se mide ayer y a posteriori de Katrina.
Antiguamente de Katrina, el Superdomo era un sitio que algunos residentes de Nueva Orleans amaban y otros toleraban. Aunque a principios de siglo solo tenía 25 abriles, estaba obsoleto para los estándares de los estadios modernos y era la única cúpula de su época que todavía se utilizaba. Con el Astrodome, Silverdome y Kingdome reemplazados, el Superdome quedó como una reliquia. No ayudó que los Saints no hubieran hecho mucho para difundir una gran nostalgia cerca de el sitio.
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Y así, en el verano de 2005, ayer de que azotara Katrina, se estaban llevando a promontorio conversaciones sobre qué hacer con la cúpula. ¿Actualizarlo? ¿Derribarlo y construir poco nuevo? Entreambos presentaron problemas. El gobierno no estaba dispuesto a desembolsar más de doscientos millones de dólares para renovar una caducidad, pero luego derribar la cúpula y construir una nueva tendría un precio de mil millones de dólares y un plazo de unos cuatro abriles. Nueva Orleans no tenía ni el capital ni el tiempo.
Los tomadores de decisiones estaban en un punto muerto. Entonces el huracán Katrina les obligó a hacerlo.
Cuando Katrina llegó a tierra a las 5:30 am del 29 de agosto de 2005, sus vientos de 140 mph arrancaron partes del techo del Superdomo. El agua entró a raudales, donde entre 25.000 y 30.000 refugiados buscaron refugio de la tormenta. Durante los siguientes cuatro días, el Superdomo pasó de ser un sitio donde se jugaban partidos a un báratro. Thornton, que estaba en la cúpula cuando azotó el huracán y no salió hasta que todos fueron evacuados cuatro días a posteriori, describió la secuencia en el interior como “caótica, inhumana, calurosa, maloliente. Lo peor que se pueda imaginar más 10”.
El 1 de septiembre, finalmente se limpió la cúpula y Thornton se retiró a Baton Rouge. Volando cerca de el oeste en un helicóptero, le pidió al piloto que dirigiera cerca de su casa. No sabía si estaba bajo el agua. Fue.
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“Nunca olvidaré mirar cerca de detrás por encima de mi hombro izquierdo y ver el domo a lo allí y el agua brillando a lo liberal de cuatro millas hasta el Superdomo, con el humo ondeando de fondo y ese fue el momento en que dije: ‘Se acabó’. “, recordó Thornton. “Pensé: ‘¿Y ahora qué? Tu ciudad ha desaparecido. ¿Podrá alguna vez ser reconstruida?’ Lloré todo el camino a Baton Rouge en ese helicóptero”.
Dos días a posteriori, entró en movimiento. Primero se dedicó a determinar si el Superdomo todavía estaba estructuralmente en buen estado. Un equipo de ingenieros determinó que así era.
Derribarlo y abrir de nuevo no era una opción porque, primero, la ciudad y el estado no tenían el efectivo y, segundo, estar sin estadio durante cuatro abriles habría sido el catalizador para que los Saints se establecieran en San Antonio.
“Una de las cosas [Thornton] “Lo que me pareció sabido”, explicó Bill Curl, quien trabajó en relaciones públicas en el Superdomo durante 33 abriles, “fue que si el domo está allí en mal estado, ¿qué le diría eso al resto del mundo sobre esta ciudad? ¿Qué mensaje enviaría eso de que nuestra veterano inversión estaba allí oportuno a esa tormenta, y nuestros equipos se habían ido, nuestros eventos se habían ido? Simplemente seguiríamos con lo que sea que podamos hacer que suceda aquí: lo que queda de nosotros”.
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Convencido de que tenían que redimir la cúpula, Thornton llevó su caso a la oficina del administrador y dijo: “Si quieres amparar la ciudad a flote, tenemos que reedificar este sitio rápidamente. Es el simbolismo y son los empleos”.
Entonces la gobernadora Kathleen Blanco dijo que sí y Thornton volvió a trabajar.
El esquema propuesto de dos abriles y 350 millones de dólares tardó sólo nueve meses en completarse. La motivación para apresurarse fue doble. Primero, poner en funcionamiento la cúpula era un mueca simbólico que declararía que la ciudad había regresado. Dos, el entonces comisionado de la NFL, Paul Tagliabue, quería que el primer partido en casa de los Saints fuera en Nueva Orleans, no en Baton Rouge o San Antonio.
Una estatua titulada Rebirth que presenta la imagen del ex safety de los New Orleans Saints, Steve Gleason, bloqueando un despeje del ex pateador de despeje de los Atlanta Falcons, Michael Koenen, el 25 de septiembre de 2006.
(Derick E. Hingle vía Getty Images)
Si correctamente fue fundamental, el mejor momento que el Superdomo haya presenciado no es la conquista de Ali, la patada de Vinatieri o incluso la visitante del Papa en 1987. Ocurrió durante un concierto previo al deporte el 25 de septiembre de 2006, el día en que se reabrió el domo. Allí, en el tablas ayer de que los Saints se enfrentaran a los Atlanta Falcons, estaban U2 y Green Day cantando en presencia de una multitud frenética que no había tenido mucho que celebrar durante un tiempo.
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La multitud llegó temprano ese día y muchos se reunieron con amigos que no habían manido desde que azotó la tormenta. Aunque no habían hablado en más de un año, no tuvieron que canjear historias para conocer el dolor, porque Katrina no discriminaba. Ella los había afectado a todos.
Ir a sus asientos en el interior de la cúpula fue una especie de regreso a casa, una señal de que la normalidad, o al menos un fragmento de ella, había regresado a Nueva Orleans. Y ahí estaba Bono, diciéndoles lo mismo.
“Vienen los SANTOS”, cantó. “Vienen los SANTOS”.
“Mira, soy un diletante al fútbol. Toca el himno doméstico, reúne a los equipos y juguemos. No me gustaban las festividades”, recordó Curl. “Pero cuando empezaron a cantar ‘Vienen los santos’, ¡Altísimo mío! No se podía encontrar a una persona que no estuviera llorando.
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“Vi jugadores de fútbol de 300 libras saliendo de ese túnel con lágrimas en los fanales”, continuó. “Luego, cuando Steve Gleason bloqueó ese despeje y los Saints anotaron ese primer touchdown, la celebración comenzó y no terminó hasta mucho a posteriori de ese deporte. Los Falcons no tuvieron oportunidad en ese deporte, y sabes qué, creo que lo sabían”.
Mientras contaba la historia hace 15 abriles, más de media término a posteriori del hecho, los fanales de Curl se llenaron de lágrimas.
“Con la reapertura y la emoción a posteriori de Katrina, esta ciudad en realidad abrazó el Superdomo y dijo: ‘Este es nuestro Superdomo’. “
La cúpula tiene 51 abriles ahora. Dondequiera que vaya, habrá sido refrendador de más triunfos y tragedias que cualquier otro sitio del mundo. Sencillamente habrá hecho honor a su nombre de superdomo.


